Se acaba el contrato: ¿renovar o firmar uno nuevo?
No son lo mismo y las consecuencias son muy distintas. Qué implica cada opción para los plazos, la renta y la fianza.
Llega el final del plazo pactado y hay que decidir. La confusión más frecuente es creer que da igual cómo se haga.
Prórroga: sigue el mismo contrato
El contrato continúa con las mismas condiciones y arrastra su antigüedad. No se reinician los plazos ni cambia el marco legal aplicable, y la fianza depositada sigue siendo la misma. Es lo que ocurre por defecto cuando ninguna parte dice nada dentro de los plazos previstos.
Contrato nuevo: empieza de cero
Firmar uno nuevo reinicia los plazos y aplica la normativa vigente en ese momento, que puede no ser la misma que cuando se firmó el primero. Puede convenir a las dos partes, pero es una decisión, no un trámite: conviene saber qué se está reiniciando.
Un error caro: firmar un contrato nuevo solo para subir la renta. Puede tener efectos que no buscabas en plazos y obligaciones. Si lo único que quieres es actualizar el precio, mira primero si el contrato vigente ya te lo permite.
Lo que conviene hacer con tiempo
- Avisar con la antelación que marque el contrato y la ley, por escrito y con acuse.
- Revisar la fianza: si cambia la renta, puede haber que ajustar el depósito ante el organismo autonómico.
- Comprobar el certificado energético, que tiene caducidad.
- Actualizar los datos de las partes si algo ha cambiado.
Y una consideración práctica: un inquilino que paga y cuida la vivienda es más rentable que una subida agresiva que te deja el piso vacío tres meses. Haz esa cuenta antes de decidir.
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