Realquilar una habitación del piso que tienes alquilado
Meter a alguien en una habitación del piso que alquilas no depende solo de ti: hace falta el permiso del propietario. Qué acordar y qué dejar por escrito.
Compartir piso para que salgan las cuentas es de lo más normal. Y cuando queda una habitación libre en el piso que tienes alquilado, la idea de meter a alguien y repartir el gasto aparece sola. El problema es que, si tú eres el inquilino y no el propietario, esa decisión no depende solo de ti.
Por qué no se puede hacer por libre
Un contrato de alquiler de vivienda se firma con personas concretas y para un uso concreto: que vivas allí tú y quienes se acordó. Ceder una parte de la casa a otra persona a cambio de dinero es algo distinto de lo que se pactó. Por eso el criterio general en España es que realquilar una habitación necesita el consentimiento del propietario, y que ese consentimiento conste por escrito.
No es una pega burocrática. El propietario aceptó un riesgo concreto con unas personas concretas: sabe quién vive en la casa, cuántas son y a qué se comprometieron. Si entra alguien nuevo cambia el uso del piso, el desgaste y, a veces, hasta las condiciones del seguro o de la comunidad. Tiene derecho a opinar y a decidir.
Conviene distinguir dos cosas que se confunden mucho. Que se mude contigo tu pareja o un familiar, sin pagarte por una habitación, es convivencia. Alquilar una habitación a un tercero a cambio de una renta es un realquiler. Lo segundo necesita permiso; en el primer caso también compensa avisar, porque evita malentendidos más adelante.
Qué dejar por escrito si el propietario dice que sí
Un sí por teléfono sirve de poco el día que haya un problema. Si hay acuerdo, ponedlo negro sobre blanco. Estos son los puntos que más quebraderos de cabeza ahorran:
- Quién responde del contrato. Lo habitual es que el inquilino original siga siendo el responsable frente al propietario: paga la renta completa, responde de los daños y es su interlocutor. La persona que entra a la habitación responde ante el inquilino, no ante el dueño.
- Qué se cede exactamente. La habitación concreta y el uso de las zonas comunes: cocina, baño, salón, terraza, trastero o plaza de aparcamiento, si las hay.
- Cuánto se paga y cómo. Importe de la habitación, día y forma de pago y, sobre todo, cómo se reparten luz, agua, gas, internet y los gastos comunes. Dejar el criterio escrito (a partes iguales, por consumo o incluido en el precio) evita la mitad de las discusiones.
- Fianza y daños. Si se pide una fianza a quien entra, decir quién la guarda y en qué casos se descuenta algo. Y dejar claro que los desperfectos de las zonas comunes se tratan aparte de los de la habitación.
- Duración y aviso. Hasta cuándo dura el realquiler y con cuánta antelación tiene que avisar cada parte si quiere terminarlo.
- Qué pasa al final. El realquiler no puede durar más que el contrato principal: si el inquilino se va o su contrato termina, la habitación se acaba con él. Decirlo desde el principio evita que nadie se sienta engañado.
- Convivencia. Visitas, ruido, limpieza, mascotas, fumar. Parece lo menos importante y es lo que más conflictos genera.
Un detalle práctico: que los tres guardéis una copia firmada, propietario incluido.
Si eres el propietario y te llega la petición
No tienes obligación de decir que sí, pero tampoco hace falta decir que no por defecto. Es una buena ocasión para saber quién va a vivir en tu casa, en lugar de enterarte por el vecino. Antes de contestar, pide los datos de la persona que entraría, aclara si eso cambia algo del contrato actual y deja por escrito que tu permiso vale para esa persona y ese periodo. Si más adelante entra otra, se vuelve a pedir.
Los riesgos de hacerlo a escondidas
Realquilar sin permiso es un incumplimiento del contrato, y las consecuencias no son teóricas: el propietario puede pedir que el alquiler termine, y entonces se van los dos, el inquilino y la persona que entró. Quien ocupa la habitación queda además en una situación muy frágil, sin nada firmado que le respalde. Y si aparece un daño serio o un problema con el seguro, la discusión sobre quién paga puede ponerse muy fea.
Hay otra consecuencia menos visible: la confianza. Un propietario que descubre que vive alguien en su casa sin saberlo difícilmente va a renovar el contrato ni a dar buenas referencias.
Un consejo para terminar
Pregunta antes, no después. Un correo explicando quién entraría, desde cuándo y en qué condiciones cuesta diez minutos, deja constancia de lo hablado y muchas veces se contesta con un sí. Esa es la diferencia entre compartir piso tranquilo y vivir con la sensación de que la cosa se puede acabar en cualquier momento.
¿Buscas o publicas vivienda?
Crea tu cuenta gratis en Totukeli en menos de un minuto.